Vecinas de Lautaro y Vista Hermosa comparten experiencia de Buscando la Veta, ad portas de comenzar nuevos talleres

Termina el período estival en todo el país, y con ello retomamos las actividades iniciadas durante un fructífero 2021. Una de ellas es “Dame la mano y danzaremos”, programa que llevamos a cabo desde noviembre a enero  junto a vecinas de las poblaciones Lautaro y Vista Hermosa, de la ciudad de Copiapó, y que culmina en marzo.

Este proyecto lo implementamos gracias al financiamiento de la “Convocatoria Pública 2021 para organizaciones culturales focalizadas en desarrollo social local”, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. 

De dicho proceso resultaron dos espacios pedagógicos, desarrollados a través del proyecto “Buscando la veta” (perteneciente al programa «Dame la mano y danzaremos»), que cada semana se nutrían de reflexión y conocimiento mutuo en torno a la palabra oral y escrita. Las participantes fueron principalmente mujeres mayores, que destacaron por su compromiso y entusiasmo.

Conociendo el proceso pedagógico y creativo

Eliana Herstein, directora ejecutiva de Familia Runrún e integrante del colectivo poético “Las Pobres Esferas”, cuenta que en estos encuentros pudieron revivir la memoria individual y colectiva de los vecinos y vecinas: “Para muchos de los integrantes, este taller fue el primer espacio físico de reunión luego de la pandemia, por lo tanto aquí nos encontramos con el ímpetu de contar, narrar relatos y escuchar”.

La poeta también destaca que “hubo mucha empatía durante todo el proceso, con momentos de intimidad tales que la emoción brotaba al oír la lectura de los relatos escritos de puño y letra”.

Tanto Herstein, como el director artístico de Familia Runrún Daniel Jesús Ramírez, y la artista invitada Tatiana Mayerovich, guiaron cada una de las sesiones, a través de talleres que abordaron tópicos como la vida, la muerte o el amor.

Sobre esta experiencia, Ramírez –también miembro de Las Pobres Esferas– comenta que han podido “explorar, junto a vecinas y vecinos de ambos sectores, memorias, problemáticas y proyecciones personales vinculadas con sus habitares locales en Copiapó”. 

El músico y profesor de literatura, describe que ambos grupos han tenido una participación entusiasta y catártica: “Los espacios que hemos podido levantar en conjunto a ratos se han transformado en espacios de arte terapia, sin perder el objetivo central del mismo, que ha sido levantar un relato común a partir de las historias personales, que como equipo hemos propuesto para entrar en las identidades locales, desde lo general a particular”.

El barrio en la voz de sus protagonistas

Los territorios escogidos para desarrollar esta nueva versión de “Buscando la veta” fueron las poblaciones Lautaro y Vista Hermosa. Barrios aparentemente disímiles entre sí,  pero con potentes experiencias de vida conectadas con la familia y el entorno. El primero es el más antiguo de Copiapó, ligado a la historia ferroviaria de la zona, ya que se ubica detrás de la estación de trenes. El segundo data de los años 70’, cuando arribaron los trabajadores y trabajadoras de la Fundición Paipote. 

Trinidad Castillo, de Lautaro, destaca que aprendió a escribir sobre sí misma y sus experiencias “sin temor al qué dirán”. Para ella, fue un espacio para aprender a valorar las vivencias de los demás, que fueron contadas con emoción y respeto: 

“Jamás había participado en un grupo literario o artístico, pero siempre me ha gustado escribir, pero antes lo hacía más a menudo. Luego, cuando fui mamá, me dediqué a ser dueña de casa, a los hijos y el tiempo libre se hizo poco. Ahora, cuando somos adultas mayores, volvemos a tener tiempo para nosotras y es acá donde participamos más activamente con nuestros pares. ¿De qué forma? Conversando y relatando nuestras vivencias de hace más de 40 años, que ahora van aflorando en nuestra memoria, como si lo hubiéramos vivido ayer. Cosas tristes, momentos felices, penas, alegrías, historias, familia… y un sinfín de recuerdos que estaban guardados en nuestra mente y ahora hemos podido recordar”, cuenta.

Trinidad Castillo

Para su vecina Miriam Carmen Rosales el recorrido fue similar: “Ha sido positivo y muy bonito porque aprendí a expresarme. Yo soy callada, no decía las cosas, pero pude expresarme en el papel. Incluso a veces me faltaban hojas para escribir. Fue como desahogarse, porque escribir sobre el pasado es como escribir un libro. Por eso me gustó este proyecto, porque es importante que la gente sepa la historia de este barrio y la reconozcan”. 

Miriam Carmen Rosales

En paralelo Eva Caniguante de la población Vista Hermosa, comenta que el proyecto le interesó desde el primer momento, especialmente por la forma en la que los profesores y profesoras presentaron los talleres, modalidad que para ella fue “muy reconfortante, sobre todo durante la pandemia”.

Eva Caniguante

Doris Fritis, vecina de la misma población, agrega que esta instancia les permitió conocer más sobre arte y literatura, pero también volver a conectar con su comunidad: “A veces no tenemos mucha comunicación, más con esta pandemia. Yo vivo hace más de 10 años en esa villa, pero no converso con todas… a lo más el saludo de ‘buenos días, buenas tardes’, y de ahí no pasaba. Este taller me dio la oportunidad de conocer a las vecinas desde otra perspectiva”. 

“Nos ayudó a sacarnos un poco de la rutina diaria, porque si bien una ama de casa no termina nunca, esos días en que salíamos eran muy buenos, porque reíamos, llorábamos, echábamos la talla…Lo mejor fue sentarse a conversar y de ahí empezar a tejer esta madeja de lana que después unimos”, relata.

Doris Fritis

Para Doris este espacio fue doblemente especial, ya que pudo compartirlo con su hija Maite Rojas, otra de las participantes. Al respecto, la joven egresada de la carrera de psicología resalta la posibilidad que le dio este taller para reflexionar sobre sí misma y los demás.

“Me sentí cómoda en el grupo, pese a ser la más joven. Es que igual existieron varios puntos de vista; algunos más conservadores, otros más liberales… A pesar de eso, pude entenderlos, poniendo en práctica la empatía y la tolerancia. También fue un buen espacio para compartir con mi mamá, porque si bien somos familia, no siempre tenemos esos espacios de reflexión. Fue bueno poder conectarnos y aprender de nosotras. Nos sirvió bastante para conectarnos más”.

Por último, Maite destacó las dinámicas propuestas en las sesiones: “Me gustaba mucho la literatura, pero nunca indagué mucho, siempre fue muy general, así que me llamó mucho la atención aprender sobre la antipoesía de Nicanor Parra, hacer la actividad del quebrantahuesos o pensar en conceptos a partir de objetos cotidianos de nuestra vida”. 

Maite Rojas

Preparándose para la segunda etapa del proceso

Pero, ¿qué le depara a este grupo para marzo? Eliana Herstein explica que en los próximos días comenzará una nueva etapa ligada a las artes visuales, “específicamente a través de los nuevos medios, con el trabajo literario y autobiográfico resultante de los meses anteriores”.

Esta fase, según indica Daniel Jesús Ramírez, aún no tiene nombre, pero se tratará de un espacio de co-creación entre Las Pobres Esferas y las dos comunidades que “permitirá indagar en las memorias, problemáticas y deseos comunes de cada grupo por medio de los nuevos medios. La base para trabajar serán los relatos de la primera etapa, que servirán de insumos para construir junto a las vecinas dos instalaciones visuales, una en la sede de Lautaro y otra en la sede de Vista Hermosa”. 


Registro fotográfico: Paula Fredes, Daniel Jesús Ramírez.

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